Archive for 26 octubre 2014

Cuba amplia el uso de biosensores en la atencion universal de la diabetes.

26 octubre, 2014

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En Cuba el diabetico es atendido por equipos medicos interdisciplinarios entre los que se incluyen los sicologos y los grupos comunitarios dirigidos por medicos, ahora con la produccion nacional de biosensores esta atencion se amplia en recursos tecnologicos como se aprecia en la informacion siguiente:

La tiras reactivas para medir glucosa en orina con 50 determinaciones, se venderán a la población en las farmacias comunitarias a diez CUP, informa el diario Granma.
El diario cita la Resolución No. 390/2014 del Ministerio de Finanzas y Precios, publicada en la Gaceta Oficial Extraordinaria No. 41, que establece el precio del aditamento.
Las tiras o biosensores constituyen un medio de diagnóstico rápido y eficaz que permite conocer los niveles de azúcar en el organismo sin la asistencia de un profesional de la salud.
Cuba inauguró recientemente una Planta de Producción de Biosensores, que permitirá producir las tiras reactivas que necesita todas las personas con diabetes del país, unos 800 000 cubanos diagnosticados con la enfermedad.
Esta fábrica se beneficia de la transferencia de tecnología, la primera que tiene lugar en Cuba en el sector de la ingeniería biomédica, tras un acuerdo comercial que selló las relaciones entre el Centro de Inmunoensayo (CIE)  y la empresa china Changsha SINOCARE Inc..

Con este convenio, se están beneficiando desde hace varios años todos los diabéticos tipo 1 -los insulino dependientes- y la población más vulnerable, niños y embarazadas.
http://www.cubadebate.cu/noticias/2014/09/24/a-la-venta-en-cuba-tiras-reactivas-para-medir-glucosa-en-sangre/

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Medicamento cubano, unico en el mundo, que reduce amputaciones en el pie diabetico, se aplica actualmente en Ecuador.

22 octubre, 2014

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Ciego de Ávila, 21 oct (AIN) El Heberprot-p, medicamento desarrollado por la biotecnología cubana para el tratamiento de la úlcera del pie diabético, ha sido aplicado en Ecuador a 157 personas  aquejadas de esa dolencia.
Este logro es resultado del Convenio Específico de Cooperación entre la Comercializadora de Servicios Médicos Cubanos (CSMC) y el Instituto Ecuatoriano de Seguridad Social (IESS), que cuenta con la colaboración de 25 profesionales de la Isla.
Erick Hernández Leiva, quien presta sus servicios en ese país como promotor cubano de la Salud, informó a la AIN vía correo electrónico, que esa cifra solo se corresponde al período transcurrido desde agosto pasado hasta la fecha, cuando los ecuatorianos comenzaron a recibir el tratamiento con el novedoso preparado inyectable, único en el mundo.
Otros mil 953 diabéticos, con riesgo de padecer en el año de úlceras en alguno de sus pies, fueron asistidos en consultas y reconsultas, durante las que recibieron una minuciosa explicación sobre esta enfermedad metabólica tan compleja, con tendencia creciente a nivel mundial, explicó.
   Angiólogos y cirujanos vasculares, licenciados en enfermería, en terapia física y rehabilitación, en podología y un promotor de la salud, laboran en los hospitales Machala, Esmeraldas, Babahoyo, Santo Domingo y Manta, ubicados en las provincias de El Oro, Esmeraldas, Los Ríos, Santo Domingo y Manabí, respectivamente.
   Hernández Leiva acotó que, además, de estos territorios, en el centro asistencial Durán, en Guayaquil, el Heberprot-p es aplicado por profesionales de esa nación.
Esta primera etapa del programa comprende el suministro de 12 mil dosis del medicamento para la atención a por lo menos mil personas, aunque se sabe que la morbilidad en ese país sudamericano es mucho mayor,  manifestó.
Aclaró que ya el medicamento se aplicaba en Ecuador  pero en el Ministerio de Salud Pública (MSP) y con la intervención solamente de angiólogos, y ahora con este convenio participa un equipo multidisciplinario que aborda la patología base de la diabetes mellitus y el problema externo mas traumático que es la úlcera del pie diabético.
Según se estima pueden existir 13 mil ecuatorianos con úlceras del pie diabético complejas, o sea grado III, IV y V, de la clasificación de Wagner.
El Heberprot-p se aplica en 20 países, la mayor parte de América Latina, y su empleo en Cuba muestra que el riesgo relativo de amputación, por úlceras del pie diabético, se redujo en más de un 78 por ciento. (FUENTE:http://www.ain.cu/salud/4579-medicamente-cubano-heberprot-p-se-aplica-en-ecuador)

Contenido relacionado:

Correo Científico Médico

versión ISSN 1560-4381

CCM vol.17 no.2 Holguín abr.-jun. 2013

Treatment and recovery of Wagner 5 diabetic foot with Heberprot-P

http://scielo.sld.cu/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S1027-28522010000200005&nrm=iso

World Bank: Cuba Has the Best Education System in Latin America and the Caribbean.

7 octubre, 2014

Salim Lamrani Headshot

Banco Mundial: Cuba tiene el mejor sistema educativo de América Latina y del Caribe.

7 octubre, 2014

3i – Tercera Información
Banco Mundial: Cuba tiene el mejor sistema educativo de América Latina y del Caribe
La educacion en Cuba es universal y gratuita desde el kindergarten al doctorado y los recursos educativos fundamentales son absolutamente gratuitos en todos los niveles de ensenanza..

La educacion en Cuba es universal y gratuita desde el kindergarten al doctorado y los recursos educativos fundamentales son absolutamente gratuitos en todos los niveles de ensenanza..

alim Lamrani*

Domingo, 7 de septiembre de 2014 <!–

/ Gonzalo Sánchez

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El Banco Mundial acaba de publicar un informe revelador sobre la problemática de la educación en América Latina y el Caribe. Titulado Profesores excelentes. Cómo mejorar el aprendizaje en América Latina y el Caribe, el estudio analiza los sistemas educativos públicos de los países del continente y los principales retos a los que se enfrentan

Descargar el Informe del Banco Mundial “Profesores excelentes. Cómo mejorar el aprendizaje en América Latina y el Caribe”

Según el Banco Mundial, “ningún sistema escolar latinoamericano, con la posible excepción del de Cuba”, tiene parámetros mundiales.

En América Latina, los profesores de educación básica (preescolar, primaria y secundaria) constituyen un capital humano de 7 millones de personas, o sea el 4% de la población activa de la región, y más del 20% de los trabajadores técnicos y profesionales. Sus salarios absorben el 4% del PIB del continente y sus condiciones de trabajo varían de una región a otra, incluso dentro de las fronteras nacionales. Los profesores, mal remunerados, son en su mayoría mujeres –un promedio del 75%- y pertenecen a las capas sociales modestas. Además, el cuerpo docente supera los 40 años de edad y se considera que está “envejecido”. 2

El Banco Mundial recuerda que todos los gobiernos del planeta escrutan con atención “la calidad y el desempeño de los profesores”, a la hora en que los objetivos de los sistemas educativos se adaptan a las nuevas realidades. Ahora, el eje se coloca en la adquisición de competencias y no sólo en la simple acumulación de conocimientos.

Las conclusiones del informe son implacables. El Banco Mundial enfatiza “la baja calidad promedio de los profesores de América Latina y el Caribe”, lo que constituye el principal obstáculo al avance de la educación en el continente. Los contenidos académicos son inadecuados y las prácticas ineficientes.

Poco y mal formados, los profesores consagran apenas el 65% del tiempo de clase a la instrucción, “lo que equivale a perder un día completo de instrucción por semana”. Por otra parte, el material didáctico disponible sigue siendo poco utilizado, particularmente las nuevas tecnologías de información y comunicación. Además, los profesores no logran imponer su autoridad, mantener la atención de los alumnos y suscitar la participación.

Según la institución financiera internacional, “ningún cuerpo docente de la región puede considerarse de alta calidad en comparación con los parámetros mundiales”, con la notable excepción de Cuba.

El Banco Mundial señala que “en la actualidad, ningún sistema escolar latinoamericano, con la posible excepción del de Cuba, está cerca de mostrar los parámetros elevados, el fuerte talento académico, las remuneraciones altas o al menos adecuadas y la elevada autonomía profesional que caracterizan a los sistemas educativos más eficaces del mundo, como los de Finlandia, Singapur, Shanghái (China), República de Corea, Suiza, Países Bajos y Canadá”.

En efecto, sólo Cuba, donde la educación ha sido la principal prioridad desde 1959, dispone de un sistema educativo eficiente y de profesores de alto nivel. El país antillano no tiene nada que envidiar a las naciones más desarrolladas. La isla del Caribe es además la nación del mundo que dedica la parte más elevada a la educación con un 13% del presupuesto nacional.

No es la primera vez que el Banco mundial elogia el sistema educativo de Cuba. En un informe anterior, la organización recordaba la excelencia del sistema social de la isla:

“Cuba es internacionalmente reconocida por sus éxitos en los campos de la educación y la salud, con un servicio social que supera el de la mayor parte de los países en vías de desarrollo y en ciertos sectores se compara al de los países desarrollados. Desde la Revolución Cubana en 1959 y el subsecuente establecimiento de un Gobierno comunista con partido único, el país ha creado un sistema de servicios sociales que garantiza el acceso universal a la educación y a la salud, proporcionado por el Estado.

Este modelo ha permitido a Cuba alcanzar la alfabetización universal, erradicar ciertas enfermedades, acceso general al agua potable y salubridad pública de base, una de las tasas de mortalidad infantil más bajas de la región y una de las más largas esperanzas de vida. Una revisión de los indicadores sociales de Cuba revela un mejoramiento casi continuo de 1960 hasta 1980.

Varios indicadores principales, como la esperanza de vida y la tasa de mortalidad infantil, siguieron mejorando durante la crisis económica del país en los años 90 […]. En la actualidad la prestación social de Cuba es una de las mejores del mundo en vías de desarrollo, como documentan numerosas fuentes internacionales, incluidas la Organización Mundial de la Salud, el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo y otras agencias de la ONU, y el Banco Mundial. […]

Cuba supera ampliamente a la vez a América Latina y el Caribe y a otros países con ingreso intermedio en los indicadores principales: educación, salud y salubridad pública”.

El Banco Mundial recuerda que la elaboración de buenos sistemas educativos es vital para el porvenir de América Latina y el Caribe. Subraya también el ejemplo de Cuba, que ha alcanzado la excelencia en este campo y es el único país del continente que dispone de un cuerpo docente de alta calidad. Estos resultados se explican por la voluntad política de la dirección del país caribeño de ubicar a la juventud en el centro del proyecto de sociedad, dedicando los recursos necesarios a la adquisición de saberes y competencias.

A pesar de los recursos limitados de una nación del Tercer Mundo y el estado de sitio económico que le impone Estados Unidos desde hace más de medio siglo, Cuba, basándose en el adagio de José Martí, su Apóstol y Héroe Nacional, “ser culto para ser libre”, demuestra que una educación de calidad está al alcance de todas las naciones.

Notas

1. Barbara Bruns & Javier Luque, Profesores excelentes. Cómo mejorar el aprendizaje en América Latina y el Caribe, Washington, Banco Mundial, 2014.http://www.bancomundial.org/content… (sitio consultado el 30 de agosto de 2014). 2. Ibid. 3. Ibid. 4. Ibid. 5. Salim Lamrani, Cuba : les médias face au défi de l’impartialité, Paris, Estrella, 2013, p. 40. 6.Ibid., p. 87-88

*Dr. Salim Lamrani, profesor universitario, investigador, escritor, especialista en relaciones Cuba-EE.UU.

Enviado por el autor a: Martianos-Hermes-Cubainformación

La medicina en la encrucijada de las farmaceuticas transnacionales.

3 octubre, 2014

ENTREVISTA | ALLEN FRANCES

“Convertimos problemas cotidianos en trastornos mentales”

Catedrático emérito de la Universidad de Duke, dirigió la considerada ‘biblia’ de los psiquiatras

Allen Frances (Nueva York, 1942) dirigió durante años el Manual Diagnóstico y Estadístico (DSM), en el que se definen y describen las diferentes patologías mentales. Este manual, considerado la biblia de los psiquiatras, es revisado periódicamente para adaptarlo a los avances del conocimiento científico. El doctor Frances dirigió el equipo que redactó el DSM IV, a la que siguió una quinta revisión que amplió considerablemente el número de entidades patológicas. En su libro ¿Somos todos enfermos mentales? (Ariel, 2014) hace autocrítica y cuestiona que el considerado como principal referente académico de la psiquiatría colabore en la creciente medicalización de la vida.

Pregunta. En el libro entona un mea culpa, pero aún es más duro con el trabajo de sus colegas en el DSM V. ¿Por qué?

Respuesta. Nosotros fuimos muy conservadores y solo introdujimos dos de los 94 nuevos trastornos mentales que se habían sugerido. Al acabar, nos felicitamos, convencidos de que habíamos hecho un buen trabajo. Pero el DSM IV resultó ser un dique demasiado endeble para frenar el empuje agresivo y diabólicamente astuto de las empresas farmacéuticas para introducir nuevas entidades patológicas. No supimos anticiparnos al poder de las farmacéuticas para hacer creer a médicos, padres y pacientes que el trastorno psiquiátrico es algo muy común y de fácil solución. El resultado ha sido una inflación diagnóstica que produce mucho daño, especialmente en psiquiatría infantil. Ahora, la ampliación de síndromes y patologías en el DSM V va a convertir la actual inflación diagnóstica en hiperinflación.

P. ¿Todos vamos a ser considerados enfermos mentales?

R. Algo así. Hace seis años coincidí con amigos y colegas que habían participado en la última revisión y les vi tan entusiasmados que no pude por menos que recurrir a la ironía: habéis ampliado tanto la lista de patologías, les dije, que yo mismo me reconozco en muchos de esos trastornos. Con frecuencia me olvido de las cosas, de modo que seguramente tengo una predemencia; de cuando en cuando como mucho, así que probablemente tengo el síndrome del comedor compulsivo, y puesto que al morir mi mujer, la tristeza me duró más de una semana y aún me duele, debo haber caído en una depresión. Es absurdo. Hemos creado un sistema diagnóstico que convierte problemas cotidianos y normales de la vida en trastornos mentales.

P. Con la colaboración de la industria farmacéutica…

No supimos anticiparnos al poder de las farmacéuticas para crear nuevas enfermedades

R. Por supuesto. Gracias a que se les permitió hacer publicidad de sus productos, las farmacéuticas están engañando al público haciendo creer que los problemas se resuelven con píldoras. Pero no es así. Los fármacos son necesarios y muy útiles en trastornos mentales severos y persistentes, que provocan una gran discapacidad. Pero no ayudan en los problemas cotidianos, más bien al contrario: el exceso de medicación causa más daños que beneficios. No existe el tratamiento mágico contra el malestar.

P. ¿Qué propone para frenar esta tendencia?

R. Controlar mejor a la industria y educar de nuevo a los médicos y a la sociedad, que acepta de forma muy acrítica las facilidades que se le ofrecen para medicarse, lo que está provocando además la aparición de un mercado clandestino de fármacos psiquiátricos muy peligroso. En mi país, el 30% de los estudiantes universitarios y el 10% de los de secundaria compran fármacos en el mercado ilegal. Hay un tipo de narcóticos que crean mucha adicción y pueden dar lugar a casos de sobredosis y muerte. En estos momentos hay ya más muertes por abuso de medicamentos que por consumo de drogas.

P. En 2009, un estudio realizado en Holanda encontró que el 34% de los niños de entre 5 y 15 años eran tratados de hiperactividad y déficit de atención. ¿Es creíble que uno de cada tres niños sea hiperactivo?

R. Claro que no. La incidencia real está en torno al 2%-3% de la población infantil y sin embargo, en EE UU están diagnosticados como tal el 11% de los niños y en el caso de los adolescentes varones, el 20%, y la mitad son tratados con fármacos. Otro dato sorprendente: entre los niños en tratamiento, hay más de 10.000 que tienen ¡menos de tres años! Eso es algo salvaje, despiadado. Los mejores expertos, aquellos que honestamente han ayudado a definir la patología, están horrorizados. Se ha perdido el control.

P. ¿Y hay tanto síndrome de Asperger como indican las estadísticas sobre tratamientos psiquiátricos?

R. Ese fue uno de los dos nuevos trastornos que incorporamos en el DSM IV y al poco tiempo el diagnóstico de autismo se triplicó. Lo mismo ocurrió con la hiperactividad. Nosotros calculamos que con los nuevos criterios, los diagnósticos aumentarían en un 15%, pero se produjo un cambio brusco a partir de 1997, cuando las farmacéuticas lanzaron al mercado fármacos nuevos y muy caros y además pudieron hacer publicidad. El diagnóstico se multiplicó por 40.

P. La influencia de las farmacéuticas es evidente, pero un psiquiatra difícilmente prescribirá psicoestimulantes a un niño sin unos padres angustiados que corren a su consulta porque el profesor les ha dicho que el niño no progresa adecuadamente, y temen que pierda oportunidades de competir en la vida. ¿Hasta qué punto influyen estos factores culturales?

Los seres humanos hemos sobrevivido millones de años gracias a la capacidad de afrontar la adversidad

R. Sobre esto he de decir tres cosas. Primero, no hay evidencia a largo plazo de que la medicación contribuya a mejorar los resultados escolares. A corto plazo, puede calmar al niño, incluso ayudar a que se centre mejor en sus tareas. Pero a largo plazo no ha demostrado esos beneficios. Segundo: estamos haciendo un experimento a gran escala con estos niños, porque no sabemos qué efectos adversos pueden tener con el tiempo esos fármacos. Igual que no se nos ocurre recetar testosterona a un niño para que rinda más en el fútbol, tampoco tiene sentido tratar de mejorar el rendimiento escolar con fármacos. Tercero: tenemos que aceptar que hay diferencias entre los niños y que no todos caben en un molde de normalidad que cada vez hacemos más estrecho. Es muy importante que los padres protejan a sus hijos, pero del exceso de medicación.

P. ¿En la medicalización de la vida, no influye también la cultura hedonista que busca el bienestar a cualquier precio?

R. Los seres humanos somos criaturas muy resilientes. Hemos sobrevivido millones de años gracias a esta capacidad para afrontar la adversidad y sobreponernos a ella. Ahora mismo, en Irak o en Siria, la vida puede ser un infierno. Y sin embargo, la gente lucha por sobrevivir. Si vivimos inmersos en una cultura que echa mano de las pastillas ante cualquier problema, se reducirá nuestra capacidad de afrontar el estrés y también la seguridad en nosotros mismos. Si este comportamiento se generaliza, la sociedad entera se debilitará frente a la adversidad. Además, cuando tratamos un proceso banal como si fuera una enfermedad, disminuimos la dignidad de quienes verdaderamente la sufren.

P. Y ser etiquetado como alguien que sufre un trastorno mental, ¿no tiene también consecuencias?

R. Muchas, y de hecho cada semana recibo correos de padres cuyos hijos han sido diagnosticados de un trastorno mental y están desesperados por el perjuicio que les causa la etiqueta. Es muy fácil hacer un diagnóstico erróneo, pero muy difícil revertir los daños que ello conlleva. Tanto en lo social como por los efectos adversos que puede tener el tratamiento. Afortunadamente, está creciendo una corriente crítica con estas prácticas. El próximo paso es concienciar a la gente de que demasiada medicina es mala para la salud.

P. No va a ser fácil…

R. Cierto, pero el cambio cultural es posible. Tenemos un magnífico ejemplo: hace 25 años, en EE UU el 65% de la población fumaba. Ahora, lo hace menos del 20%. Es uno de los mayores avances en salud de la historia reciente, y se ha conseguido por un cambio cultural. Las tabacaleras gastaban enormes sumas de dinero en desinformar. Lo mismo que ocurre ahora con ciertos medicamentos psiquiátricos. Costó mucho hacer prosperar la evidencia científica sobre el tabaco, pero cuando se consiguió, el cambio fue muy rápido.

P. En los últimos años las autoridades sanitarias han tomado medidas para reducir la presión de los laboratorios sobre los médicos. Pero ahora se han dado cuenta de que pueden influir sobre el médico generando demanda en el paciente.

R. Hay estudios que demuestran que cuando un paciente pide un medicamento, hay 20 veces más posibilidades de que se lo prescriban que si se deja simplemente a decisión del médico. En Australia, algunos laboratorios requerían para el puesto de visitador médico a personas muy agraciadas, porque habían comprobado que los guapos entraban con más facilidad en las consultas. Hasta ese punto hemos llegado. Ahora hemos de trabajar para lograr un cambio de actitud en la gente.

P. ¿En qué sentido?

R. Que en vez de ir al médico en busca de la píldora mágica para cualquier cosa, tengamos una actitud más precavida. Que lo normal sea que el paciente interrogue al médico cada vez que le receta algo. Preguntar por qué se lo prescribe, qué beneficios aporta, qué efectos adversos tendrá, si hay otras alternativas. Si el paciente muestra una actitud resistente, es más probable que los fármacos que le receten estén justificados.

P. Y también tendrán que cambiar hábitos.
R. Sí, y déjeme decirle un problema que he observado. ¡Tienen que cambiar los hábitos de sueño! Sufren ustedes una falta grave de sueño y eso provoca ansiedad e irritabilidad. Cenar a las 10 de la noche e ir a dormir a las 12 o la una tenía sentido cuando hacían la siesta. El cerebro elimina toxinas por la noche. La gente que duerme poco tiene problemas, tanto físicos como psíquicos.

Fuente  :pais.com/sociedad/2014/09/26/actualidad/1411730295_336861.html

 
 EL ESTADO DEL MALESTAR

Colgados de los ansiolíticos

El consumo de medicamentos psiquiátricos aumenta a pesar de que las patologías mentales permanecen estables

La tristeza no es una enfermedad. Sentir dolor por la muerte de alguien querido no es patológico. Y temblar cuando se habla en público por primera vez, tampoco. La vida no se puede tratar con pastillas y, sin embargo, cada vez recurrimos más a ellas para combatir lo que no es otra cosa que el simple malestar de vivir. En lugar de asumir por la mañana los nubarrones con un “buenos días tristeza”, corremos al médico para que nos recete antidepresivos. Y en lugar de encararnos con el jefe tóxico que nos acosa, corremos al psiquiatra en busca de ansiolíticos.

En 10 años se ha producido en España un aumento del consumo de medicamentos psiquiátricos que no está justificado. De hecho, la mayoría de las patologías mentales de causa endógena tienen una incidencia estable en el tiempo y similar en todo tipo de sociedades. Lo que sí puede aumentar es la incidencia de trastornos transitorios de carácter reactivo, la depresión causada por estrés, por ejemplo. Pero ni siquiera eso explica el aumento que se ha observado en la prescripción. No hay en España, país alegre y soleado donde los haya, por mucho que apriete la crisis, tanta depresión como indican las ventas de Prozac y otros antidepresivos. Ni se justifica que en las estadísticas de la OCDE, España figure en segundo lugar en consumo de tranquilizantes.

¿Qué ha propiciado este salto tan espectacular de lo que podríamos denominar psiquiatría de complacencia? La presión de la industria farmacéutica, con su estrategia de ganar mercados a costa de crear nuevos síndromes, es señalada por muchos autores como el desencadenante de la espiral medicalizadora. Resulta más barato y más lucrativo crear nuevos mercados para viejos principios activos reciclados como nuevos fármacos que encontrar nuevos tratamientos. Después de alertar en el Britihs Medical Journal en 2002 (Selling sickness: the pharmaceutical industry and disease mongering), Ray Moynihan hurgó en varios libros e investigaciones los mecanismos que han llevado a etiquetar como enfermedades procesos que no lo son: desde la fobia social al síndrome de las piernas inquietas. La psiquiatría infantil, con el espectacular aumento del diagnóstico de autismo e hiperactividad, ha resultado el campo mejor abonado.

La presión de la industria farmacéutica es señalada por muchos autores como el desencadenante de la espiral medicalizadora

Pero aunque es fácil colocarle a la industria farmacéutica la etiqueta de villana, no es el único factor. Y en ocasiones, ni siquiera el más importante. Desde la salud pública se dice que somos lo que comemos, pero más que nada somos lo que pensamos. Autores como Byung-Chul Han o Zygmunt Bauman nos dan, desde la sociología y la filosofía, claves que ayudan a explicar mejor el fenómeno. Por un lado, como dice Han en La sociedad del cansancio, las consecuencias de dejar atrás la organización social disciplinaria, en la que si uno cumple con su deber podrá vivir satisfecho, para sumergirnos en la sociedad del rendimiento, cuyo paradigma es ese individuo exhausto por una competitividad autoimpuesta y sin límite que le obliga a estar siempre alerta y siempre en forma, y que percibe cualquier distracción o contratiempo como una amenaza para su carrera. Si fracasa, será por su culpa. Para Bauman, en estos tiempos hipercompetitivos, los que no siguen quedan excluidos, y eso crea mucha angustia. La gente ve la vida como el juego de las sillas, en el que un momento de distracción “puede comportar una derrota irreversible”. Y así es cómo, “incapaces de controlar la dirección y la velocidad del coche que nos lleva, nos dedicamos a escrutar los siete signos del cáncer, los cinco síntomas de la depresión, los fantasmas de la hipertensión o el colesterol, y nos entregamos a la compra compulsiva de salud”.

Todo eso, en el marco de una cultura que fomenta el consumismo y el individualismo hedonista, que produce individuos exigentes, impacientes y con escasa tolerancia a la frustración y que, como advirtió Daniel Callahan, director del proyecto Los Fines de la Medicina, del Hastings Center de Nueva York, esperan de la medicina aquello que esta no les puede dar. Esos individuos son muy vulnerables a la publicidad, abierta o encubierta, que les ofrece el recurso a las pastillas como el elixir mágico que les ayudará a construir una burbuja de felicidad, aunque sea inducida por la química.

La mayor parte de esa presión se canaliza hacia la consulta del médico de cabecera, que muchas veces solo tiene el talonario de recetas para hacer frente a tan perentorias demandas. Pero los medicamentos no son inocuos. Barbara Starfield, de la Universidad John Hopkins, señalaba ya en 2002 en To err is human que la iatrogenia de los tratamientos era la tercera causa de muerte en Estados Unidos. El problema es que, como indica Enrique Gavilán, médico de familia que ha investigado los procesos de medicalización, si no se hace un seguimiento adecuado, algunos de estos fármacos crean dependencia. Y ahí tenemos una nueva forma de hacerse adicto. Andreu Segura, especialista en salud pública, lamenta que la sociedad no sea consciente de que las pastillas pueden ayudar cuando son necesarias, pero también tienen efectos adversos, y eso es lo único que producen cuando se recetan sin justificación. Pero mientras nos excedemos en la prescripción en procesos que no son patológicos, hay al mismo tiempo muchos enfermos con verdaderas enfermedades mentales que ni siquiera están tratados. Para Antoni Bulbena, jefe del Departamento de Psiquiatría de la UAB, esa es la gran e injusta paradoja de este historial. Al final, unos sufren por demasiado medicados y otros por demasiado poco.

Fuente:http://sociedad.elpais.com/sociedad/2014/09/26/actualidad/1411732159_601236.html


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