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Inmunodeficiencia transitoria en los ninos.

28 enero, 2016

Sobre la inmunodeficiencia transitoria en los niños o hipogammaglobulinemia transitoria de la infancia, enfermedad frecuente en niños menores de tres años, Granma indagó sobre sus características

Autor: Redacción Nacional | internet@granma.cu

24 de enero de 2016 22:01:42

Con mucha frecuencia los niños menores de tres años enferman de diferentes padecimientos. Catarros, infecciones de la garganta y el oído suelen sucederse una tras otra, y no siempre los padres acuden al médico en busca de respuestas, sino que apuestan por la automedicación o los remedios caseros.

No siempre los adultos sospechan que es­condida bajo la apariencia de los contagios virales en círculos infantiles u otros espacios de socialización, puede encontrarse una en­fer­medad relacionada con el sistema inmunológico del pequeño.

Sobre la inmunodeficiencia transitoria en los niños o hipogammaglobulinemia transitoria de la infancia, Granma conversó con la doctora Bárbara de la Caridad Addines Ra­mírez, especialista en primer grado de In­munología y Medicina General Integral, más­ter en ciencias y profesora auxiliar en la filial de Ciencias Médicas de Bayamo, en la provincia de Granma.

Pero, ¿a qué nos referimos cuando mencionamos este complicado nombre?

Las inmunodeficiencias —explica la doctora Addines— son enfermedades que afectan la calidad o cantidad de la respuesta inmune del organismo y, por tanto, pueden ser primarias, si tienen base genética, o se­cundaria si es consecuencia de otra enfermedad, el uso de medicamentos o incluso la nu­trición del individuo. En el caso de los niños, el sistema inmunológico madura paulatinamente y en contacto con el ambiente, por lo cual los niños pequeños presentan ca­rac­te­rísticas propias de la edad que los hacen más susceptibles a las infecciones. Es necesario aclarar que esta evolución fisiológica no cons­tituye enfermedad.

No obstante, en un grupo de niños dichos procesos infecciosos adquieren mayor frecuencia, intensidad, poca respuesta a tratamientos antibióticos habituales y complicaciones asociadas con una respuesta de anticuerpos anormalmente baja para dicha edad; esto es lo que se conoce como la inmunodeficiencia transitoria en los niños o hipogammaglobulinemia transitoria de la infancia, apunta la es­pecialista.

Teniendo en cuenta que, de acuerdo con la edad, pudiera confundirse el proceso de evolución fisiológica natural con la enfermedad, ¿a qué señales deben estar atentos los pa­dres?, indagamos.

Existe un conjunto de características que sugieren esta y otras inmunodeficiencias —responde la doctora—, entre ellas podemos describir que haya antecedentes familiares de inmunodeficiencias primarias, mala respuesta a los antibióticos de amplio espectro (antibióticos de uso hospitalario), que el pequeño lleve dos o más meses con el uso de an­tibióticos sin una respuesta favorable. Ade­más, que haya presentado más de dos bronconeumonías, sinusitis, abscesos u otras infecciones profundamente arraigadas en un año; o más de ocho infecciones del oído de origen bacteriano en ese mismo periodo de tiempo. Igualmente resulta significativo si se manifiesta un retardo en el desarrollo pondo-estatural (de la estatura y el peso). Todo ello su­giere que podemos estar frente a una inmunodeficiencia, pero el diagnóstico preciso se realiza por una cuantificación de anticuerpos o inmunoglobulinas séricas.

Si bien no es acertado en ninguna etapa de la vida la automedicación, es muy importante que en el caso de los niños se acuda siempre al médico de familia y a la consulta con el pediatra, frente a cualquier enfermedad.

La doctora Addines enfatiza en la importancia de mantener la lactancia materna y precisa que es bueno diferenciar lo fisiológico del niño pequeño —que lo hace propenso a distintas infecciones, sobre todo catarrales— y en compañía del pediatra valorar si puede tratarse entonces de una inmunodeficiencia. Una vez remitido al especialista en inmunología, este realiza la cuantificación de inmunoglobulina y, si lo precisa, el tratamiento con inmunoestimulantes y el seguimiento hasta la resolución del mismo, pues afortunadamente en estos casos se trata de una enfermedad transitoria que debe desaparecer entre los dos y tres años de vida.

Fuente:
http://www.granma.cu/todo-salud/2016-01-24/una-edad-para-estar-atentos-24-01-2016-22-01-42


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