La maternidad precoz en Cuba.


La maternidad precoz ha disminuido gradualmente en los últimos diez años, fundamentalmente en las zonas rurales

Autor: Lisandra Fariñas Acosta | lisandra@granma.cu

31 de enero de 2016 23:01:06
Los resultados de la Encuesta de Indicadores Múltiples por Conglomerados (Mics), 2014, dan cuenta de que la maternidad precoz ha disminuido gradualmente en los últimos diez años, fundamentalmente en las zonas rurales. No obstante, no es ocioso volver sobre la realidad de un fenómeno que continúa presente en la cotidianidad cubana, pese a los avances logrados en el campo de la salud: el embarazo en edades tempranas de la vida.
El estudio refleja que el 9 % de las mujeres de 15 a 19 años encuestadas había empezado el proceso reproductivo, siendo la maternidad temprana más frecuente en las mujeres de más bajo nivel educacional así como en las áreas rurales.

Datos del Centro de Estudios Demográficos, muestran por otra parte que cerca del 16 % de la fecundidad total del país corresponde a madres adolescentes, con diferencias al in­terior de ese grupo etario. Se mantiene estable entre 12 y 14 años, disminuye ligeramente de 18 a 19 y crece entre los 15 y los 17 años.

Pero, ¿cuáles son “las múltiples condiciones socioculturales y psicológicas incidentes en los procesos que llevan a la población adolescente a emprender la reproducción?”. En el artículo La toma de decisiones en torno a la reproducción en la adolescencia. Tema para el debate, investigación de un prestigioso colectivo de siete autores del Centro Nacional de Educación Sexual (Cenesex) y del Centro de Estudios Demográficos (Cedem) de la Universi­dad de La Habana, publicado en la Revista Sexo­logía y Sociedad No. 49 del Cenesex, se apunta que “las investigaciones dan cuenta del incremento de las relaciones sexuales en edades cada vez más tempranas, sin que se evidencien nexos entre estas y la existencia de intereses reproductivos, y refieren además el adelantamiento de la iniciación sexual prematrimonial y las uniones consensuales”.

Y es justo a este fenómeno que se vincula el aumento de embarazos en la adolescencia, de acuerdo con el texto, asociado también a problemas de salud, al tiempo que contribuye a reproducir la vulnerabilidad social de las mujeres y la familia. Un análisis sobre este tema, por breve, no puede desconocer elementos que funcionan como determinantes próximos de la fecundidad, dígase la anticoncepción y el aborto.

Estudios realizados por la Encuesta Mics, 2014 reflejan que las adolescentes usan menos la anticoncepción que las mujeres de edades más avanzadas; seis de cada diez mujeres entre los 15 y los 19 años casadas o en unión usan ac­tualmente un método anticonceptivo en comparación con el 72 % de las mujeres de 20 a 24 años y son precisamente las mujeres adolescentes las que mostraron el mayor porcentaje de necesidades insatisfechas en este sentido.

Respecto a la interrupción de los embarazos, o abortos, los especialistas desde hace años alertan sobre la tendencia a su incremento, en mujeres menores de 20 años, como método regulatorio de la fecundidad, “anticonceptivo”, desconociendo las consecuencias que implica para su salud, y los riesgos de infertilidad femenina y muerte materna que pueden asociarse a este proceder.

Desde los años 60, las mujeres en Cuba conquistaron el derecho al aborto inducido bajo condiciones médicas seguras, al reconocérseles el derecho de decidir sobre su cuerpo. Se trata solo de comprender que “el aborto es un proceder utilizado para interrumpir una gestación no deseada cuando ha fallado un método anticonceptivo o cuando hay razones biológicas, pero no constituye un método de anticoncepción”.

Muchos son los obstáculos —tanto biológicos como psicosociales— que deben sortear las adolescentes en todo el proceso de gestación, e incluso, luego del parto. Dado que sus órganos reproductivos no han alcanzado la madurez requerida, son frecuentes las posibilidades de anemia, infecciones urinarias, complicaciones hipertensivas, hemorragia asociada a afecciones placentarias, escasa ganancia de peso con malnutrición asociada y prematuridad. Tam­bién son frecuentes las alteraciones en la posición del feto, relacionadas con un desarrollo incompleto de la pelvis, lo cual determina una incapacidad del canal de parto.

Las complicaciones en los bebés también son frecuentes, pues los hijos de madres adolescentes tienen más probabilidades de de­sarrollar malformaciones congénitas, enfermedades gas­trointestinales, retraso mental, pérdida de la visión y del oído.

Pero el fenómeno va más allá de los riesgos que implica en términos médicos; siendo igual de considerables las implicaciones psicosociales del fenómeno. Embarazo precoz pasa a ser sinónimo, la mayoría de las veces, de limitaciones en el desarrollo personal, académico y laboral de las muchachas. Depresión, frustración, rechazo a enfrentar una nueva vida y aislamiento afectivo, así como un gran sentimiento de culpa y arrepentimiento que incide sobre la salud de ella y del bebé, son algunas de las consecuencias.

Salvar las brechas que aún persisten en cuanto a educación sexual y planificación familiar en los más jóvenes es garantizar un proyecto de independencia e igualdad de posibilidades, so­bre todo para la mujer.
Fuente:
http://www.granma.cu/todo-salud/2016-01-31/sin-tiempo-para-jugar-31-01-2016-23-01-06
TEMA RELACIONADO: “EL ENFOQUE SOCIOLOGICO EN SALUD EN EL ABORDAJE DE LA MATERNIDAD Y LA PATERNIDAD.” (REVISTA “Sexologia y Sociedad” del CENESEX)
http://revsexologiaysociedad.sld.cu/index.php/sexologiaysociedad/article/view/488/521

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