Seguridad y Salud del trabajo en Cuba.


Según el informe anunciado durante la Jornada de Seguridad y Salud en el Trabajo, las provincias que reportaron la mayor cantidad de fallecidos por accidentes de trabajo fueron La Habana y Santiago de Cuba

En la empresa de Perforación y Extracción de petróleo Centro, existen dos aulas para la capacitación de los trabajadores y el uso correcto de los medios de protección. Fotos: Arlin Alberty Loforte

Las manos de mi abuelo siempre fueron un misterio para mí. No solo porque fueran de esas que hacían milagros con la madera: des­de las grandes plantillas para fundir las piezas de un barco, hasta lograr la talla de la Gi­tana Tropical, una reproducción hermosa que aún embellece las paredes de mi casa.

Pero esas mismas manos llevaban la huella visible del trabajo. Más de una vez las sostuve entre las mías para acariciar el dedo del medio de una de ellas, sin una falange porque una sierra le dejaría su marca para siempre, como también el arco pronunciado de una de sus piernas, la que casi pierde a causa de un accidente en el astillero donde trabajó por años antes de la Revolución.

Mi abuelo podía hacernos las historias, que para nosotros parecían heridas de guerra, pero más de una familia no pudo decir lo mismo, porque su gente puede que nunca regresara a casa.

Y es que los accidentes laborales están en cualquier parte. Lo triste es que, en la mayoría de los casos, si se cumple lo que está establecido, no habría nada que lamentar.

NO ES IMPOSIBLE

Parecería imposible que en un lugar donde el peligro está por todas partes este no haga estragos. La cuestión es simple: en estos lugares todo el mundo sabe lo que tiene que hacer y lo hace. La gente sabe cómo cuidarse y además tienen los medios para eso.

La termoeléctrica Carlos Manuel de Cés­pe­des, de Cienfuegos, es uno de esos lugares don­de se labora con grandes riesgos: altas tensiones, temperaturas y presiones; en lugares ele­vados, en espacios confinados, se izan gran­des pesos, trabajo submarino, entre otros.

Yeranis Zurita García, su director técnico, durante una visita de los corresponsales de Granma, explicó que la industria eléctrica tie­ne una política de seguridad bastante fuerte.

“En la empresa hemos logrado una gestión que va desde la identificación de los riesgos hasta su eliminación cuando hay posibilidades, y todo eso se logra si la dirección está comprometida con la seguridad y salud en el trabajo”, comentó.

“Nosotros siempre decimos a los trabajadores que aspiramos a que ellos siempre vengan a trabajar y sean eficientes, y que regresen a sus hogares libres de secuelas de accidentes. Por eso es importante que cada uno tenga la cabeza aquí, en el trabajo”.

El directivo explicó que se elaboran los protocolos denominados permisos de seguridad para los trabajos peligrosos, lo que incluye una capacitación sobre la labor que se va a realizar en el momento, cuáles son los medios de se­guridad que tienen que usar, que se garantizan al 100 % de los trabajadores, entre ellos bo­tas de protección, cascos, orejeras, protección para los gases, “todo se le garantiza y se le exige que se usen y se usen bien”.

Agregó que tienen sistemas de pago asociados al buen cumplimiento de estas medidas. “En los matutinos generales en la sección de buenas y malas prácticas se da a conocer el trabajador que durante una inspección estaba violando las normas de seguridad y se presenta delante de todos, y se le afecta el 30 % de su sistema de pago”, enfatizó Zurita García.

Allí la verificación es diaria y los inspectores en seguridad y salud del trabajo, que atienden además medioambiente y el sistema contra incendios, velan porque las cosas se hagan como está establecido y recogido en los permisos de seguridad.

Al momento de nuestra visita, en septiembre pasado, llevaban 2 345 días sin que ocurrieran accidentes, un centro que tiene certificado el Sistema de Gestión de la Seguridad y Salud en el Trabajo, y que ha sido Vanguardia Nacional por 35 años.

También en la Empresa de Perforación y Ex­trac­ción de Petróleo Centro que radica Vara­dero, por las características del trabajo tienen presentes riesgos de incendio, explosión, escape de gases (gas sulfhídrico), caídas de diferentes niveles, riesgos eléctricos y otros.

El ingeniero Eduardo Rafael Rodríguez Ló­pez es jefe de grupo de seguridad industrial allí, que tiene bajo su responsabilidad todo lo re­lacionado con medioambiente, seguridad in­dustrial, incendios, servicios médicos y la brigada de salvamento y rescate que se en­carga de los trabajos peligrosos en la empresa, por ejemplo, cuando hay averías en las instalaciones.

Los alrededor de 1 500 trabajadores han lo­grado hablar de seguridad y medioambiente con sentido de pertenencia, en una empresa petrolera donde todo permanece exquisitamente limpio y no se ve derrame del crudo por ninguna parte como tampoco hay olor a gas.

Las instalaciones funcionan bajo un sistema cerrado, hermético, desde que el petróleo sale del pozo a través del oleoducto hasta el centro colector y luego para el tratamiento en baterías hasta que se traslada por el oleoducto ma­gistral hasta el supertanquero, explica Ro­dríguez López.

La empresa tiene ocho reconocimientos am­bientales, revalidados dos veces, un reconocimiento ambiental nacional de un taller de extracción y posee además un sistema de se­guridad contra incendios avalado por el Cuer­po de Bomberos.

“Aquí el trabajador no puede laborar sin sus medios de protección y son varios los niveles de inspección. En dependencia del puesto de trabajo donde se desempeña se le entregan botas, overoles, cascos, guantes, capas, espejuelos contra el resplandor, caretas antigás con su filtro, detectores de gas sulfhídrico, y hay equipos de respiración en cada área por si existiera algún escape de gas…”, comenta Ro­dríguez López.

“El riesgo fundamental de nosotros es el escape de gas sulfhídrico que es bastante tóxico y nuestros pozos tienen alta concentración del mismo”, añade.

El presupuesto destinado en la empresa en el 2015 para medios de protección general (contra incendios y de protección individual) fue de 443 099 pesos en moneda total, de ellos 400 699 en CUC. Este se planifica según los medios de protección que requiere el trabajador ante los riesgos a los que puede exponerse en su puesto  y normas de consumo establecidas a partir de un estudio, para su reposición y entrega.

Cuentan además con una posta médica y botiquines para la atención a los trabajadores, como también se facilita el chequeo médico con especialistas.
En la empresa tienen establecido que cada seis meses los trabajadores se instruyan acerca de todos los riesgos a que se exponen, a excepción de los electricistas y sol­dadores que lo hacen cada tres meses.

Eduardo Rodríguez Ramírez es técnico con 30 años de labor en la empresa y lo encontramos en el centro colector No. 10. “No hemos tenido accidentes tecnológicos en las áreas de extracción y hemos adquirido mucha cultura para hacer nuestra labor, pues permanentemente nos inspeccionan y capacitan, además de que tenemos a mano los medios de protección. Todos los meses el grupo de mantenimiento chequea las alarmas, vela por que los sensores funcionen bien.

“Diariamente tenemos una inspección de primer nivel. El especialista, que es el jefe de turno, realiza el recorrido con los operadores, y así el segundo nivel cada 15 días o mensual y el tercero lo realizan los directores cuando inspeccionan las áreas. El control es riguroso”, añadió.

En la Unión Cubapetróleo (Cupet), subordinada al Ministerio de Energía y Minas, disminuyen los accidentes y los índices de gravedad como resultado de la capacitación y la formación de los especialistas de seguridad y salud en el trabajo, así como de los trabajadores y directivos.

Hoy Cupet no se aparta de la realidad mundial, el 80 % de las causas de los accidentes de trabajo están relacionadas con la conducta del hombre.
En la organización se identifican, reportan, investigan y analizan las causas de los incidentes, que son las puertas de los accidentes. Las mejoras tecnológicas que se hacen en una planta, todas las inversiones, cambios tecnológicos y mantenimientos van en función de perfeccionar las condiciones de seguridad.

Allí se le facilita al obrero el equipo de protección que necesita, siempre reconociendo que es la última barrera entre el trabajador y el riesgo. La organización trabaja con medidas técnicas y organizativas antes de llegar al equipo de protección del hombre, y preservar la vida de este es su objetivo principal.

“El riesgo fundamental de nosotros es el escape de gas sulfhídrico que es bastante tóxico”, explica el ingeniero Eduardo Rafael Rodríguez.

REALIDADES EN FRONTERAS Y MÁS ALLÁ

Durante la Jornada Nacional de Seguridad y Salud en el Trabajo de este 2015, Odalys To­rrens Álvarez, jefa del departamento que atiende esos temas en el Ministerio de Trabajo y Se­gu­ridad Social (MTSS), exponía que la Or­ga­ni­zación Internacional del Trabajo (OIT) re­fiere que cada año más de 313 millones de personas sufren accidentes del trabajo y enfermedades profesionales no mortales, lo que equivale a 860 000 víctimas diarias. Cada día, 6 400 fallecen debido a un accidente laboral o a una enfermedad profesional, y las muertes por esta causa as­cienden a 2,3 millones anuales.

“Estas cifras revelan que los accidentes del trabajo y las enfermedades profesionales son una de las principales cargas para los sistemas de salud. Según reporta la OIT, el 4 % del Pro­ducto Interno Bruto mundial se des­tina ca­da año a sufragar los gastos relativos a la pérdida de tiempo de trabajo, el tratamiento médico, la rehabilitación y las indemnizaciones”, acotó.

Para la especialista, la cultura de seguridad va evolucionando desde ambientes donde la supervisión es primordial, hasta aquellos don­de el compromiso, el cuidado entre compañeros, la cooperación entre equipos de trabajo y el sentido de pertenencia a la organización constituyen los motores fundamentales de la gestión para obtener niveles más bajos de accidentalidad y morbilidad.

“Ejemplos de buenos resultados a partir de esta estrategia los tenemos en algunos grupos y empresas nacionales de alto riesgo, en las que se ha desarrollado un trabajo dirigido a compartir y promover las buenas prácticas, fomentar la sensibilización y el conocimiento de jefes y trabajadores sobre los peligros y riesgos y cómo controlarlos”, agregó Torrens Ál­varez.

Al mismo tiempo insistió en que queda mucho por hacer para minimizar los riesgos y eliminar los accidentes de trabajo, las enfermedades y otros daños.
La especialista agregó que como se expone en el Panorama Nacional de Salud Ocu­pa­cio­nal, elaborado recientemente por el Mi­nisterio de Salud Pública (Minsap), “los efectos de factores múltiples sobre la salud de los trabajadores resultan en un perfil epidemiológico caracterizado por la coexistencia de enfermedades típicas de las patologías ocupacionales tradicionales (laringitis nodular, hipoacusia ocupacional, intoxicaciones crónicas por plaguicidas y metales pesados, enfermedades dermatológicas y enfermedades respiratorias) y la atención a otras desviaciones de salud que pu­dieran estar asociadas al trabajo (asma bron­quial, enfermedades cardiovasculares, os­teomusculares,….)”, entre otras. La atención a estas patologías constituye un objetivo para la labor de prevención.

Torrens Álvarez comentó que durante el primer semestre del año pasado, 2 061 trabajadores resultaron lesionados por la ocurrencia de accidentes de trabajo, lo que representa un 7 % de incremento con respecto a igual periodo del 2014.

“Hasta esa fecha, la accidentalidad mortal había mostrado un decrecimiento (tres fallecidos menos que en igual periodo del 2014). Sin embargo, al cierre del mes de octubre, la accidentalidad mortal en el país arrojó un saldo de 56 accidentes de trabajo mortales, con 57 trabajadores fallecidos, de ellos 19 en la vía pública, lo que representa la tercera parte de los accidentes ocurridos y de los fallecidos, así como un incremento de cinco accidentes más en la vía en relación con igual periodo del año 2014, con una mayor presencia de mujeres en estos hechos”, aseveró la jefa del departamento de
Seguridad y Salud en el Trabajo del MTSS.

Agregó que las causas de comportamiento son las que provocan la mayoría de los accidentes en la vía (el 89 %), en tanto las organizativas son las que mayor incidencia tienen en la ocurrencia del resto de los accidentes de trabajo mortales (61 %).

“Las causas básicas que provocan los accidentes generalmente son resultantes de fallos organizativos o de control, que son los que per­miten que las causas técnicas o las de conducta no estén debidamente controladas”, en­fatizó.

En el caso de los accidentes mortales en la vía, además de la inobservancia del Código de Vialidad, se evidenció el incumplimiento de las responsabilidades de los jefes al permitir el empleo de procedimientos inseguros y la ex­plo­tación de equipos que no cumplen los re­quisitos de seguridad, lo que propició la adopción de actitudes incorrectas por parte de los lesionados.

Además de los accidentes en la vía, los golpeados por objetos o equipos, las caídas a diferente nivel y el contacto con la corriente eléctrica continúan siendo las formas en las que se producen con más frecuencia los accidentes mortales. Por su nivel de peligrosidad, se ha enfatizado en la prevención de estos tipos de riesgos, unidos a la seguridad contra incendios, la biológica y radiológica.

Según los datos aportados por el informe presentado en la Jornada de Seguridad y Salud en el Trabajo, en noviembre pasado, las provincias que reportaron la mayor cantidad de fallecidos por accidentes de trabajo fueron La Habana y Santiago de Cuba y en cuanto a la distribución por organismos, estos trabajadores pertenecían a la subordinación local: 16, y a los ministerios de la Industria Alimentaria, la Agricultura y la Construcción, con 7 fallecidos cada uno.

“Resulta significativo el incremento de fallecidos en entidades de la Industria Ali­mentaria y de la Agricultura por lo que deberán priorizarse las acciones y el control en es­tos sectores”, comentó Torrens Álvarez.

Según la especialista, durante el año se ha insistido sistemáticamente en la necesidad de mejorar la calidad de las indagaciones de los ac­cidentes de trabajo, así como en el registro e investigación de incidentes.

En la termoeléctrica Carlos Manuel de Céspedes, de Cienfuegos, tienen sistemas de pago asociados al cumplimiento de las medidas de seguridad y salud en el trabajo.

MEDIOS DE PROTECCIÓN Y MÁS…

Para Ana Julia Cleger Anaya, funcionaria que atiende la Seguridad y Salud del Trabajo en la CTC nacional, en el departamento de asuntos laborales y sociales, está claro que es obligación de las administraciones y parte del contrato de trabajo, cuando un trabajador comienza en un centro laboral darle la instrucción inicial que contempla las cuestiones de seguridad y salud, además de la exigencia del chequeo preempleo.

Por otro lado agrega que se está retomando la inspección sindical para tener un control mayor de los riesgos y dónde están ubicados, además de que debe incrementarse la exigencia por la parte administrativa y el sindicato, como contraparte de esta.

“Las causas y condiciones que propiciaron la ocurrencia de los accidentes están relacionadas con permitir el empleo de procedimientos de trabajo inseguros, la explotación de medios que no cumplen los requisitos de seguridad, lo que unido a la adopción de actitudes incorrectas por parte de los lesionados inciden directamente en la accidentalidad”, comentó Cleger Anaya y agregó que a esto se suma que no se usan los equipos y medios de protección individual, aun cuando se destinan cuantiosas cifras para estos fines.

La funcionaria de la CTC añadió que el Mi­nisterio de Economía y Planificación no li­mitó a los 37 organismos en lo que cada uno había planificado para esta partida en los presupuestos, en cambio al concluir el primer semestre del 2015 solo se había ejecutado el 56,6 %.

Hasta el mes de junio, entre los organismos de más baja ejecución en los presupuestos en las partidas destinadas a los medios de protección se encontraban el Ministerio de Co­mu­nicaciones (10,3 %), Inder (16 %), Mi­nis­terio de Cultura (18 %), Tabacuba (19 %), Minis­terio del Turismo (23 %) y el Instituto Na­cional de Recursos Hidráulicos (27 %).

Igualmente de lo planificado para la ropa y calzado de trabajo solo se había ejecutado el 47,6 %.

“Esta situación nos da la medida de la poca exigencia de los sindicatos hacia los empleadores, que a la vez trae consigo el in­cumplimiento de lo establecido en el artículo 137 del Código de Trabajo. Debemos trabajar cada año con el propósito de minimizar estos indicadores que en cierta medida afectan la economía del país”, comentó la dirigente sindical.

Asimismo, Odalys Torrens Álvarez explicó que se ha insistido también con los orga­nis­mos de la Administración Central del Estado y grupos empresariales en la importancia de la calidad y efectividad de los programas de pre­vención a nivel de las entidades, ya que no siempre se logra la total integración de estas medidas en la planificación, asignación de los recursos necesarios y el control de su cumplimiento, lo que influye en la ocurrencia de incidentes y accidentes.

“Debemos señalar críticamente las deficiencias en la planificación y control de los recursos financieros requeridos para el cumplimiento de las medidas preventivas recogidas en los programas de prevención de ries­gos”, dijo Torrens Álvarez.

La especialista añadió que en la elaboración de estos programas resulta imprescindible el conocimiento de la nueva legislación laboral, la Ley 116 Código de Trabajo, su re­gla­mento y las normas complementarias pues­tas en vigor por organismos rectores co­mo los ministerios de Salud Pública, la Cons­trucción, Industria, Energía y Minas, Trans­porte y Agri­cultura.

“Se ha venido trabajando con estos or­ga­nismos en el proceso de implementación de dichas normas jurídicas, así como en la revisión y actualización del Sistema de Nor­mas Cu­banas. Sin embargo, aún nos queda por ha­cer para lograr la implementación de las normas complementarias y que lo dispuesto en estos documentos se constituya en práctica sistemática”, comentó.

Cabe señalar también, que un aspecto al que ge­neralmente se da prioridad en la planificación es a los equipos de protección personal. Sin embargo, en algunos casos no se planifican los equipos idóneos atendiendo a las características de las actividades y riesgos presentes, lo que obliga a destinar mayores recursos sin que se logre el objetivo preventivo.

Odalys Torrens acotó que el MTSS es responsable de aprobar los equipos de protección que se usan en el país antes de su comercialización. A los organismos se les pide las incidencias que se les presenten con cuestiones de oferta, tallas y calidad, asociadas en muchas ocasiones a que no se adquiere el equipo que hace falta.

“Se han hecho capacitaciones para que se conozca para qué sirve cada cosa, que se sepa pedir a las importadoras lo que necesitan, que estas traigan los equipos que están aprobados por nosotros y que tienen un tiempo de vencimiento según la categoría de cada uno”, añadió.

La especialista del MTSS dijo además que el Centro de Aprobación de Equipos de Pro­tección Personal evaluó y aprobó durante el primer semestre del año anterior un total de 499 equipos de protección personal y brindó asesoría a los usuarios, con el objetivo de mejorar la calidad de las producciones y que cumplan las exigencias establecidas para ser aprobadas por el Centro.

“Con este objetivo, se impartió un seminario a productores nacionales de estos equipos y se planifica con el Ministerio de Cul­tura, un taller con la participación de los productores representados por el Fondo de Bienes Cul­turales”, comentó la funcionaria del MTSS.

El accidente de trabajo se debe ver con un enfoque multicausal. Se deben evaluar de conjunto todos los riesgos, no solo de accidente, sino los de enfermedad, investigar muy bien los incidentes, porque hay siempre señales de alarma que a veces ocurrieron  como “por casualidad” y no hay lesionados.

En la mayoría de los casos se identifican los riesgos en los lugares donde hay mayor peligro para la vida, pero hay otros en los que también se expone la salud aunque se esté sentado en el aparente confort de una oficina.

“En el Código de Trabajo se plantea la obligatoriedad de registrar e investigar los incidentes de trabajo. Tener el levantamiento de los riesgos actualizado y los permisos de seguridad para actividades de alto riesgo. Está todo legislado, de lo que se trata es de que se cumpla, que se haga lo que hay que hacer”, co­mentó Torrens Álvarez.

“Nosotros le exigimos a las empresas y lo verificamos con los organismos, si tienen contemplado en los planes de inversiones y de mantenimiento la solución de los riesgos identificados.

“Tratamos de que cada empresa incorpore el presupuesto para los medios de seguridad y protección, que es una parte del problema. La otra parte tiene que estar incluida en los planes para mantenimiento e inversiones.

“El equipo de protección, aunque mu­chas veces es imprescindible, no puede verse como la primera medida, tienen que resolverse primero los problemas constructivos, tec­nológicos, de condiciones… No se pueden suplir problemas de condiciones con equi­pos de protección personal”, agregó To­rrens Álvarez.

Se podría pensar en las afectaciones que le causan a la economía los accidentes de trabajo no solo con el pago de los certificados médicos por la seguridad social, que constituyen días de trabajo perdidos con su repercusión en la productividad, sino que también tiene un costo para las personas que se ven invalidadas o las familias que resultan afectadas por la pérdida de un ser querido. La cuestión siempre será controlar los riesgos y evitar los daños.

Fuente:

http://www.granma.cu/cuba/2016-01-07/si-controlas-el-riesgo-evitas-el-dano-07-01-2016-20-01-18

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