El dia que un pequeno pueblo rural cubano se nego a ver destruida su escuela.


La educacion los cubanos se la toman muy en serio, no solamente esta la voluntad politica de partido y gobierno de mantenerla de libre acceso para todos, la comunidad resulta un factor vital en este proceso. Resulta que un pequeno pueblo rural vio como se destruia la escuela y los organismos superiores enviaban a los ninos a otras escuelas distantes unos cinco kilometros del poblado. La negativa de los padres obro para que la alcaldia convocara la reconstruccion en la que participaron mas de cien vecinos, en su mayoria de forma voluntaria, sin que le pagaran un centavo y he aqui la historia como nos la narra el diario “Vanguardia” de Villa Clara, provincial de Cuba:

Receso escolar en la escuela Manuel Angulo Vich. Gracias al aporte de los padres, de su colectivo y del trabajo comunitario, la escuela primaria Manuel Angulo Vich, de San Juan de los Yeras, pudo dar la bienvenida a sus alumnos en este curso escolar 2015-2016. (Fotos: Ramón Barreras Valdés)

Receso escolar en la escuela Manuel Angulo Vich. Gracias al aporte de los padres, de su colectivo y del trabajo comunitario, la escuela primaria Manuel Angulo Vich, de San Juan de los Yeras, pudo dar la bienvenida a sus alumnos en este curso escolar 2015-2016. (Fotos: Ramón Barreras Valdés)

Para educar el alma.

  • Ranchuelo
  • El 21 de julio del pasado año inició la obra capital. El techo en su totalidad sobrepasaba las 15 mil tejas que cedían vía libre a la lluvia para empapar toda la escuela. Era, prácticamente, un reto de titanes que fue sumando a vecinos, a los diferentes organismos sanjuanenses, a la comunidad y al propio colectivo del recinto, aún inmerso en el período vacacional.Maestros y auxiliares donaron sus días a fin de agilizar lo que sería el nuevo rostro. Jornadas transcurridas entre escombros, mezclas y sudor del bravo verano, desde las 7:00 de la mañana hasta las 5:00 de la tarde.

    Un hombre dedicado con anterioridad a la atención a las vegas de tabaco y que hoy engrosa las filas de los trabajadores del sector no estatal, figuraba entre ellos: Eddy Martínez Aguilera, a quien su pueblo conoce como Pipío.

    No es héroe ni superhombre, pero juega un papel protagónico en esta historia. Como carpintero, albañil y multioficio permaneció durante 83 días ininterrumpidos sin cobrar un centavo. Cuando algunos concluían la jornada, él se quedaba hasta que la oscuridad de la noche le impedía avanzar.

  • Algunos de los que participaron en la reconstruccion de la escuela que se ve en el fondo.

    Algunos de los que participaron en la reconstruccion de la escuela que se ve en el fondo.

  • La comunidad hizo suya la reconstrucción de la escuela. Convocaban a trabajos y se unía un mar de pueblo. En uno de aquellos sábados de contienda participó más de un centenar de personas entre familiares de los estudiantes, pobladores, la propia comunidad y trabajadores de diferentes centros. Pudiera decirse que el cambio de imagen constituyó la motivación principal para compulsar otros proyectos en San Juan.Bien lo sabe el Maestro martiano Silvio Alberto Carpio Pacheco, quien imparte tercer grado y elogia las nuevas condiciones para entregar una docencia de calidad.

    Más de cuatro décadas en el ejercicio del magisterio marcadas por la ejemplaridad ante el colectivo de trabajadores y los alumnos. Dotado de los conocimientos sobre la vida y obra martianas, y el don de transmitirles las enseñanzas del Apóstol a sus educandos.

    También Mario García Vázquez (Cachizo) conoce esas historias de llegar por tres días y quedarse hasta el fin de la edificación. Estaba presente a diario a partir de las 4:00 de la tarde y se convirtió en el auxiliar de Pipío.

    O el caso de Marisela Yera Pedraza, que desafió sus 72 años e hizo de todo: Cargó ladrillos, agua o lo que hiciera falta, mientras en su casa se preparaba la merienda destinada a los constructores.

    «Hace 40 años que vivo frente a la escuela. Confiaron en mí para almacenar los materiales y otros insumos en mi casa, y de ahí no faltó nada. Gracias a todos los que dieron su aporte tenemos este plantel, y si tuviera que volver a ayudar, lo haría con mucho gusto».

    Aun lloviznando proseguían el trabajo. Lo más difícil fue a la hora de poner el techo, que necesitaba de una precaución enorme que garantizara absoluta seguridad. La labor de las mujeres resultó intachable. Sábados y domingos en la recogida de escombros, en la limpieza…

  • Fuente: http://www.vanguardia.cu/villa-clara/4680-para-educar-el-alma
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