Usted también puede ser científico si tiene el respaldo de una universidad.


Frankenstein13Auge de los proyectos de investigación que buscan la colaboración de los ciudadanos

Edición impresa  Tendencias | 30/07/2014 – 00:00h

Ana Macpherson

Barcelona

FUENTE: “La Vanguardia”

La ciencia ciudadana está de moda en Barcelona, aunque hace tiempo que es algo casi común en el norte de Europa. Sirve para recoger enormes cantidades de datos que no sería posible obtener desde un laboratorio. Es lo que tradicionalmente hicieron los naturalistas aficionados a los pájaros y las plantas. Pero en la nueva faceta entra de lleno el uso de la tecnología y cierta democratización de los objetivos y del propio conocimiento.

Una ciencia compartida

PARA QUÉ SIRVE La participación obliga a discutir objetivos y a compartir resultados
LA VENTAJA La gran cantidad de datos captados amplía las posibilidades de cada estudio
EN EXPANSIÓN El movimiento de ciencia ciudadana empieza a arraigar en Barcelona

Porque participar como ciudadano científico permite interpretar esos datos desde diferentes puntos de vista, lo que supone un aprovechamiento diverso y fértil. Admite entrar en el juego en fases distintas, desde la propia recogida de datos con el teléfono móvil y una aplicación, o como uno de los elementos del ensayo. O se puede estar desde el principio, en el diseño tecnológico o científico de un proyecto.

El cómo se hace, se valida y se explota forma parte de esa nueva ciencia. “Y además todo es en abierto, y no sólo hay resultados para los biólogos, los médicos o los físicos, sino también para músicos o arquitectos y, sobre todo, para el ciudadano. Porque se le rinde cuentas”, explica el físico Josep Perelló, coordinador de gran parte de estas iniciativas de ciencia ciudadana en la que están implicados la Universitat de Barcelona (a través del programa OpenSystem) -donde Perelló es profesor-, la Oficina de Ciència Ciutadana de BcnLab y el programa RecerCaixa.

Uno de esos proyectos es el de las abejas urbanas. Un panal en la azotea del Castell dels Tres Dragons de la Ciutadella acaba de conectarse a los ordenadores de la universidad. Dentro, con las abejas, sensores de entrada y salida, sensores de temperatura interna y externa, de ruido interior, una báscula. Todo ello diseñado y puesto en marcha por un grupo de 25 personas de diferentes profesiones interesadas en averiguar qué pasa con las abejas en medio de la ciudad, y cómo se mide todo eso. “Es una forma inédita de estudiar el comportamiento de lo que consideramos un biomarcador de la calidad de vida de la ciudad”, resume Perelló. Y se han implicado en el tema desde físicos a arquitectos pasando por artistas y apicultores.

Otra de las experiencias puestas en marcha por su equipo en OpenSystem de la UB es el estudio de movimientos humanos en exposiciones o certámenes a través de una aplicación de móvil. A los ciudadanos participantes se les propone bajarse la aplicación que transmitirá a un ordenador sus movimientos. “Los datos permitirán estudiar cómo son los movimientos en de un espacio cerrado alrededor de diferentes ofertas y otras muchas opciones que planteen los participantes, como el comercio de una zona, por ejemplo. Toda la información queda en abierto”, explica Perelló. La han utilizado en tres ocasiones, la última en una exposición del CCCB.

Además de las aplicaciones de móvil o el envío de fotos y de datos concretos, algunos de los proyectos de investigación emplean juegos. Los participantes proporcionan de ese modo una enorme cantidad de datos acerca de cómo toman decisiones las personas en función de diferentes variables. Así, con uno de esos juegos (el del dilema del prisionero), el grupo de investigación de OpenSystem de la UB y Barcelona Lab, junto a la Universidad de Zaragoza y la Carlos III de Madrid, pudo publicar un artículo acerca de la actitud ante la cooperación, llegando a la conclusión de que la edad es un factor determinante y que además es una actitud que se aprende.

En septiembre quieren empezar otro proyecto en Poblenou en el que pedirán a los vecinos que capten las distintas especies de árboles de su entorno para hacer un censo y, con la participación de expertos medioambientales de la Universitat Autónoma, detectar cuándo florecen. “Tendrá preguntas científicas con foto”, adelanta el coordinador.

Captar a los vecinos para un proyecto muy localizado es un clásico de la ciencia ciudadana. En Londres, desde la universidad se pidió ayuda a las asociaciones de vecinos y actualmente son quienes elaboran el mapa acústico de la ciudad. En el entorno de la nuclear japonesa de Fukushima, los vecinos que se movían por la zona afectada, y oficialmente sin radiación, colocaron sensores en sus coches y lograron nutrir un revelador mapa con los datos de sus mediciones.

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