Desarrollo sostenible y medio ambiente en America Latina.(1)


 

ORGANIZACIÓN INTERNACIONAL DE UNIVERSIDADES POR EL

 

DESARROLLO SOSTENIBLE

 

Y MEDIO AMBIENTE

 

II Congreso Internacional de Universidades por el Desarrollo Sostenible y el Medio Ambiente
G
ranada (España)
11 – 14 de diciembre de 1997

EL DESARROLLO SOSTENIBLE EN LA AMÉRICA PREHISPÁNICA
Jorge Ivan Correa Vélez
Roberto A. Restrepo A.

PRESENTACIÓN

El presente ensayo pretende mostrar la existencia de un modo de producción propio en la América Prehispánica, el primer gran experimento de aplicación de lo que se conoce hoy como desarrollo sostenible. Se exploran aquí, inicialmente, algunos conceptos sobre las consecuencias actuales para la América, por haberse abortado dicho experimento (Una Amnesia Parcial), y se nombran los principios y la cosmovisión en que estaba basado dicho desarrollo sostenible (Las Tres Familias del Mundo).

Posteriormente, se relacionan algunos de los principales centros urbanos ubicados en las zonas geográficas que la antropología conoce como Mesoamérica, el Área Intermedia y la Zona Andina (Ciudades Cósmicas). Se hace luego un breve recorrido por los distintos saberes y tecnologías limpias que se conocieron y practicaron. Se ofrecen, finalmente, unas conclusiones. No sobra advertir que por exceder los propósitos y la extensión de este trabajo se exponen varios temas en forma muy general, por lo que se puede incurrir en falta de precisión y profundidad. Se pide por ello, indulgencia para las generalizaciones, en gracia de una visión de conjunto.

UNA AMNESIA PARCIAL

La América Latina de nuestros días padece incalculables problemas económicos, sociales, políticos y ambientales, no obstante contar con una de las mayores reservas de biodiversidad en el mundo, hoy en peligro de extinción, y de tener una vasta experiencia histórica en el manejo sostenible de dicha biodiversidad, por parte de las antiguas culturas amerindias.

En efecto, las civiIizaciones del Nuevo continente lograron unos niveles propios de organización social, política y económica que les permitió desarrollar un modo de producción con altísimos niveles en agricultura, urbanismo, arte, ciencia y tecnología en general.

Desafortunadamente, estos conocimientos se perdieron total o parcialmente, cuando el choque violento de varios mundos irrumpe en la realidad americana, en el siglo XVI, comenzando con un proceso de aculturación y mestizaje que extermina amplios sectores de la población autóctona, con la simultánea desaparición de importantísimos logros culturales entre ellos muchos científicos y tecnológicos, perdiéndose una buena parte del patrimonio cultural del continente, una especie de biodiversidad del conocimiento.

Desde entonces, Latinoamérica ha sido objeto de modelos de desarrollo en lo económico, lo social y lo político, que le son ajenos y que, al no consultar sus experiencias y características propias, la han sumido en una falta de identidad, de pensamiento propio, de capacidad crítica y de aportes importantes frente a los problemas mundiales.

Las propias universidades del continente han dedicado sus currículos a explorar teorías y métodos que toman como modelo la cultura grecorromana y la de sus múltiples seguidores en occidente, desconociendo los logros de culturas tan avanzadas como la Maya, la Inca, la Azteca o la Tayrona, por ejemplo.

Estas y muchas otras culturas desarrolladas en Mesoamérica, en el Área Andina y el Área Intermedia lograron desarrollar un verdadero pensamiento político y social, además de unas tecnologías y formas de producción perfectamente adaptadas al medio, que funcionarían hoy como base de sistemas alternativos propios, menos contaminantes y costosos, mas adecuados a su idiosincrasia regional y, definitivamente, más efectivos en ciertos campos en cuanto a realizaciones cualitativas y cuantitativas se refiere. Tener acceso a este conocimiento en forma interdisciplinaria y actual, permitiría una verdadera innovación en el pensamiento político en las formas sociales y en los aspectos económicos. Esto pondría a América, muy probablemente, en el camino de quienes encaran el desarrollo desde sus propias e inalienables perspectivas, dentro de un concepto global de conservación e interrelaciones.

LAS TRES FAMILIAS DEL MUNDO

La conceptualización actual del desarrollo sostenible incluye tres elementos: el humano, el productivo y el medio ambiente. Si bien las culturas amerindias no le denominaron ni formularon igual, sí lo llevaron a cabo, obteniendo excelentes resultados durante más de 3000 años, alimentando inmensas poblaciones (más de 30 millones de seres humanos tenía solamente el estado incaico) y preservando el medio ambiente, ya que consideraban a la tierra como un complejo ser vivo (teoría conocida hoy como teoría Gaia), a la vez que privilegiaron la realización y la sensibilidad humanas.

El concepto de desarrollo en la Antigua América partía de la concepción de equilibrio entre las tres familias del mundo – la comunidad natural, la comunidad humana y la comunidad de las deidades -, las cuales deben relacionarse a partir del dialogo y la reciprocidad.

Como la comunidad natural gozaba de iguales condiciones que la humana, el concepto de uso no se entronizó en esta relación, siendo suplantado por un concepto distinto de criar y dejarse criar, el dar y recibir del ainy andino, lo que permitió la conformación de un desarrollo sostenible por principio. Y en este desarrollo, el concepto -sentimiento de la vida como un tejido, hizo que el diálogo con el proceso mismo se hiciera en otros términos, evitando por ejemplo, el concepto de desecho, de maleza o de desperdicio.

La naturaleza era sacralizada y por ello era protegida. Un sentido trascendente del mundo era advertido y reforzado a través de rituales en los cuales se usaban enteógenos como el yagé, el yopo, la coca, el silosibe, la amanita muscaria, entre otros. Se leían las señales y los ciclos del cielo que observaban y atendían cuidadosamente para descifrar fenómenos que tenían que ver con el clima, con la alimentación, con la salud, por ejemplo. Los pájaros eran casi oráculos que predecían múltiples eventos por llegar.

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Templo del Sol, Palenke.

Los primitivos habitantes de América lograron una cosmovisión que los llevó a una completa interacción entre la sociedad y el entorno, a un diálogo y a una reciprocidad. El estiércol de los animales y los excrementos humanos, por ejemplo son producto de unos alimentos que provienen de la comunidad natural y por lo tanto, deben regresar a ella para devolverle parte de la energía prestada. Para ellos todo hace parte de un tejido de interrelaciones de sistemas mayores y menores. Elaboran e interpretan mitos relacionados con la vida y con el cosmos para obtener una visión del espacio y el tiempo diferentes a los actuales.

Esta visión contrasta con la mirada del hombre occidental cuyo verdadero dios es la utilidad o la rentabilidad económica inmediata, tal como se desprende de la manera como se designa en la actualidad a ciertos elementos que hacen parte de la trama compleja de la vida y que sin embargo llaman recursos naturales, como si estos pertenecieran a la especie humana y estuviera en su fuero usarlos hasta su extinción, es decir, hasta que se termine su exploración rentable, caso en el cual se lo denomina recurso no renovable.

Por oposición a la visión americana, la sociedad de consumo desacraliza el mundo y lo parcela en reinos aislados, algunos inertes, y pierde su interés por la armonía, por la estética y por el goce del ser humano, para monetizado, es decir, despoetizarlo.

Paradójicamente, la cosmovisión americana, su cosmogonía y cosmología, llenas de mito y de poesía no se quedan simplemente en la contemplación de la naturaleza sino que sirven de sustento para alcanzar altos niveles tecnológicos que se materializan en grandes centros urbanos construidos a principios de nuestra era en el norte, el centro y el sur de América.

CIUDADES CÓSMICAS

América se puebla de ciudades construidas bajo principios geométricos, astronómicos, estéticos y ambientales que consultan el entorno y el cosmos. Al rastrear en los cronistas de indias se encuentran testimonios de centros urbanos como Teotihuacan, uno de los primeros en la meseta central de México que, en el siglo V, era mayor que la Roma imperial, seguido por Tenochtitlan, la capital de los Aztecas, llamada por Cortés y sus cronistas la ciudad más bella del mundo en el siglo XVI. Estas ciudades náhua presentan una estructura espacial similar, reflejo del ordenamiento cósmico, y actúan como centros de cohesión y expansión dentro de un concepto de diseño ambiental y orgánico.

Bajo nociones de alta estética y organicidad, dentro de un hábitat proyectado a la trascendente, surgen centros como Monte Alban en Oaxaca, Tajín en la región Totanaca y las extraordinarias ciudades mayas del clásico y el postclásico Tikal, Copan, Palenke, Benampak, Yaxchilan, Tulum, Chichen Itza y Uxmal.

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Teotihuacan_32Kms-Siglo_Primero_Antes_de_Cristo

Teotihuacan 32 kms. Siglo primero Antes de Cristo

Más al sur, en Colombia, entre otras culturas, los Tayronas construyen mas de 200 centros urbanos en la Sierra Nevada de Santa Marta, unidas por caminos de piedra que recorren todos los ecosistemas del neotrópico ubicadas en los distintos pisos térmicos de la Sierra. De los 20 mil habitantes de mediados del segundo milenio de nuestra era que implementaron un tipo de desarrollo sostenible, sólo quedan hoy en día unos 5.000 habitantes en peligro de extinción y con ellos todo su rico entorno que cubre hasta el páramo en su cima.

Camino_Tairona Camino_Tairona  Terraza Tairona

Caminos Tairona – Terraza Tairona

En los Andes Centrales de Suramérica inauguran esta tradición, Chavin y Tiwanaco. Esta última se convierte en una de las principales ciudades del mundo en el siglo VIII de nuestra era, con casi cuatrocientas hectáreas de extensión como capital de una federación de bastas proporciones. Allí, el desarrollo sostenible andino alcanza su madurez, con la utilización, entre otras tecnologías propias de los sucacoyos, modelo de alta eficiencia agrícola. También es bueno recordar las grandes terrazas construidas en escalas, siguiendo las curvas de nivel en las pendientes laderas de los Andes Suramericanos.

Posteriores a Chavin y Tiwanaco aparecen Chan Chan, la capital del estado Chimú, la mayor ciudad de adobes de la antigua América, ubicada en el litoral Pacífico y el Cuzco, la capital de los incas, en la Sierra Sur, con su ciudadela sagrada, Machupichu. La primera es una aplicación extraordinaria de la arquitectura antisísmica de tierra, mientras el Cuzco y Machupichu lo son de la piedra, mediante tecnologías aún hoy desconocidas.

Chan Chan es el centro del mundo costeño del segundo milenio, continuador de la riquísima tradición agrícola y tecnológica Moche, que implementa los sistemas de ingeniería hidráulica y civil, acueductos alcantarillados, riegos y desolaciones, mas avanzados de su tiempo. Logra poner en práctica extensivamente el sistema de criar el suelo y el agua del desarrollo andino, ganando amplias extensiones de tierra cultivable al desierto, complementando el manejo hidráulico con eficientes formas de fertilización y siembras controladas de alta conversión en materia orgánica.

EL SABER Y LAS TECNOLOGÍAS LIMPIAS

Fundamentados en su particular cosmología y desarrollos políticos y sociales, los habitantes de la Antigua América practicaron durante siglos unos saberes científicos y tecnológicos propios, mas avanzados en algunos casos que los actuales, en campos tan disímiles como la astronomía, la agricultura, la farmacopea, la orfebrería, la metalurgia, la cerámica y la producción textil. En todos los casos la reciprocidad con la naturaleza que proveía las materias primas, hacía que no hubiera nunca destrucción ni contaminación, para no hablar del ritmo de trabajo que nada tenía que ver con la esclavitud que impone el actual reloj capitalista.

Los estudios arqueológicos han mostrado como, en su tránsito del nomadismo a sociedades tribales igualitarias y de estas a los cacicazgos, hasta llegar a los estados, se fueron desarrollando técnicas para la siembra de productos que inicialmente fueron raíces como la yuca, hasta otros más complejos como el maíz. En este proceso se aprendió siempre del método de la selva que mezcla en completa convivencia gran variedad de especies que se apoyan y se protegen mutuamente, es decir, los policultivos asociados, completamente opuestas a las prácticas actuales de monocultivos que terminan atrayendo cada vez más plagas, por lo que requieren de costosos y letales venenos químicos y abonos, que diezman los exiguos presupuestos de los empobrecidos campesinos americanos y esterilizan sus tierras.

Sin la extraña aparición de la propiedad privada de la tierra, tomaban prestada a la selva una pequeña parcela o chagra, para obtener dos o tres cosechas y luego dejar que la selva volviera a tomar esos espacios, los cuales iban rotando. En muchos casos practicaron los sucacoyos, modo de alta eficiencia agrícola que aún hoy continúa siendo un verdadero sistema alternativo, con altos niveles de producción y un manejo orgánico del control biológico y la fertilización natural.

Las siembras del maíz y de otras plantas seleccionadas desde América, consideradas hoy día esperanzadoras frente al problema de la desnutrición que tiende a ser global en el tiempo, como la papa, el fríjol, el maní, las frutas tropicales, los cereales y amarantos (verdaderos milagros proteínicos como la quinua, quihuicha y sus afines) requirió de un alto conocimiento astronómico (equinoccios) y del régimen de lluvias.

En zonas más desérticas utilizaron sistemas de criar el suelo y el agua, ganándoles amplias extensiones de tierra cultivable a través del uso de lagunas de oxidación. Mientras las ciudades europeas de la edad media tenían verdaderos problemas de salud pública como las pestes que diezmaron grandes poblaciones debido a las basuras y a los excrementos humanos que eran arrojados a las calles y, mientras las ciudades actuales tienen alcantarillas que vierten a los ríos, los antiguos centros urbanos amerindios usaban sistemas de alcantarillados que desembocaban a lagunas de oxidación, donde convertían la materia orgánica en recursos para fertilizar el suelo y sembrar bosques productores de agua pura.

Existe otro ejemplo muy bello de como las comunidades americanas en vez de transformar abruptamente el paisaje se acoplaron a las condiciones geográficas y climáticas, aprovechándolos por difíciles que fueran, para obtener ventajas en la producción de su vida material. Este ejemplo se refiere a los canales construidos en ciertas zonas inundables en determinadas épocas del año. Actualmente, abandonados los canales, se presentan pérdidas de vidas humanas, de ganados, de cultivos y de viviendas en las crecientes de cada año. Aún se pueden observar vestigios de los canales en algunas zonas de Latinoamérica: En la depresión momposina del río San Jorge en la costa norte de Colombia (32 mil hectáreas); en la cuenca de Guayas del Ecuador occidental (25 mil hectáreas); en los llanos de Mojos de Bolivia oriental (20 mil hectáreas); y en la costa de Surinam.

Estos canales consistían en hileras de montículos circulares de altura y diámetro variables, según la región, intercalados con canales o camellones, unos más anchos que otros. En las épocas de inundación los canales eran utilizados para piscicultura. Cuando bajaban las aguas estos canales eran usados, aprovechando el limo que era dejado por el río, en cultivos agrícolas muy variados como plátano, yuca, fríjol y maíz.

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Canales Viejo Senú

El agua ocupa sitio fundamental en la cosmología de las diferentes culturas americanas y por ello la vida misma surge de las lagunas, de los ríos, del mar o del vapor de agua. Por esto se esmeraron los antiguos americanos en desarrollar sistemas de depósitos de aguas y obras hidráulicas sofisticadas para hacerla llegar pura hasta los sitios de vivienda y los lugares públicos.

Pero no fueron éstas las únicas obras de ingeniería de alto nivel técnico producidas. También fueron construidas grandes pirámides, templos, plazas, caminos y puentes, obras que generalmente fueron símbolos de la cosmovisión y de los conocimientos astronómicos de cada época.

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Palacio de Palenke con Observatorio año 783

En la metalurgia y especialmente en al orfebrería se destacaron los conocimientos de aleaciones y de fundición. Fue muy notable la técnica a la cera perdida que utilizaba el material producido por sus abejas. Mediante esta técnica se produjeron máscaras, diademas, pectorales, orejeras, collares, figurillas, narigueras, vasijas e instrumentos musicales. Esto le valió la codicia de occidente que lo condujera al estado actual.

La industria lítica se expresó no solo en la construcción de grandes ciudades, sino también en objetos como metales, pilones, manos de moler, hachas, flechas, azadas y obras escultóricas como las de la cultura Agustiniana, al sur de Colombia.

San_Agustin San Agustin

San Agustin

Los deslumbrantes conocimientos astronómicos han sido ya objeto de múltiples estudios que dan cuenta de monumentos, templos, tumbas, observatorios astronómicos, relojes y calendarios naturales como el Maya, calendario lunar con trece meses de veintiocho días cada uno y un día adicional, el veinticinco de julio, día fuera del tiempo odia del arte o del ocio.

La producción textil americana de trajes, mantas o ruanas se advierte a través de los hallazgos arqueológicos de volantes de huso, rodillos, pintaderas y cuentas de collar, utensilios cerámicos sencillos, pero artífices de inigualable belleza. Los Incas por ejemplo cultivaban algodón de colores.

Algunos creen que América Latina sólo fue descubierta en el siglo XVIII con la Expedición Botánica de Mutis, cuando Europa se da cuenta de la farmacopea existente en este continente. Otros creen que aún no se ha descubierto el verdadero vademécum que aún sobrevive en las selvas tropicales. Sea como fuere en la Antigua América se especializaron algunos miembros de la comunidad en el conocimiento de las propiedades de las plantas y sus aplicaciones para la alimentación, la medicina, los rituales, picaduras de animales y otras. Los chamanes solían cumplir el doble papel de médicos y sacerdotes.

Para citar un ejemplo de plena actualidad, puede mencionarse el de la coca que era considerada la planta sagrada de América asociada con la fuerza, energía, vigor y fortaleza en el imperio Andino. Distinto al uso dañino que se le da hoy día a uno de sus alcaloides, la cocaína era conocida como medicina y como alimento.

Efectivamente la hoja de coca es una de las plantas más completas del universo en nitrógeno no proteínico que permite eliminar toxinas y patologías del cuerpo humano y rica también en aminoácidos, ácidos, vitaminas, proteínas, calcio, hierro y otros compuestos.

La hoja de coca tiene catorce alcaloides naturales, cada uno con sus propiedades curativas, así: cocaína: analgésico y anestésico; engomina: metaboliza las grasas y los glúcidos; atropina: anestésico que produce sequedad del árbol respiratorio; pectina: absorbente y antidiarreico, junto con la vitamina E, regula la producción de melanina; papaína: proteasa que acelera la digestión; higrina: excita las glándulas salivales cuando hay deficiencia de oxígeno en el aire; globulina: cardiatónico que regula la carencia de oxígeno y evita el mal de altura; pyridina: acelera la formación y funcionamiento del cerebro, a la vez que aumenta la irrigación sanguínea; quinolina: evita la formación de caries dentales; conina: un potente anestésico; reserpina: reguladór de la presión arterial; benzoína: acelera la formación de células musculares y evita la putrefacción de los alimentos, se usa para la gastritis y úlceras estomacales; insulina: regula la secreción de la bilis, mejora el funcionamiento del hígado y evita y limpia las manchas de la cara.

Muchos de estos productos son elaborados en países desarrollados y vendidos a los países latinoamericanos para usos médicos y odontológicos. Bolivia, país que produce el mate de coca, útil para el soroche o mal de altura, ha solicitado a la OMS (Organización Mundial de la Salud) que estudie los contenidos farmacológicos y nutritivos de la coca, con toda razón, planta divina de América.

La cultura precolombina del continente americano está íntimamente ligada a la vida, pero encuentra importantes expresiones históricas, religiosas y científicas en el contenido de los códices de la antigua civilización mesoamericana. Existían grandes bibliotecas y cantidad de talleres donde se enseñaban los signos fonéticos o jeroglíficos y las imágenes o pictografía con que se resolvió de manera admirable el problema de la comunicación escrita de una sociedad multilingüe. Estos libros precoloniales en forma de biombo, hechos de piel de venado o de papel amate fueron destruidos de manera intencional por los conquistadores por el peligro que significaban para la enseñanza de la nueva fe y de la nueva visión del mundo que se imponían. Sólo se salvaron una veintena de estos códices además de algunos cientos de tiras, lienzos, mapas y otras obras menores, guardados hoy en distintos lugares de Europa y los Estados Unidos.

Una cierta forma de escritura y unos símbolos para números, incluyendo el conjunto vacío, extractados de los códices dieron cuenta de una historia desde antes de nuestra era, pero no sirvieron para traer ese importante testimonio hasta nuestros días, por su destrucción. De todas formas se puede apreciar una basta cultura que también se expresó en los textiles, la orfebrería, la arquitectura, la cerámica y naturalmente en las construcciones y la escultura.

CONCLUSIONES

– Se puede perfectamente hablar de un modo de producción propio y muy avanzado en la antigua América que llevó a cabo el primer gran experimento de desarrollo sostenible en el mundo.

– El choque violento de varios mundos hizo que se perdieran los principios, la cosmovisión y la tecnología que lo sustentaron, conduciendo al continente a una amnesia temporal y por ende a una falta de identidad propia.

– Durante la mitad del último milenio, América latina se ha visto sometida a practicar formas económicas, sociales, políticas y tecnológicas, que le son ajenas.

– Es imprescindible que sin recriminaciones ni resentimientos históricos, América vuelva los ojos sobre su pasado y las formas que le fueron propias en su formación y evolución a fin de que pueda encontrar su identidad y seguir caminos que le conduzcan a solucionar los múltiples problemas que padecen sus pueblos y así colaborar con propuestas y modelos a la solución de los problemas de la especie humana, en forma global.

– Se requiere formular una serie de estrategias para lograr la identidad y la autovaloración que, sin duda, deben empezar por la formación de profesionales, políticos, y técnicos en la visión americana del mundo a través de postgrados realizados entre las Universidades y las comunidades indígenas que sobreviven, a fin de interrelacionar los saberes y generar agentes multiplicadores que puedan preservar dichas comunidades, sus saberes y el medio ambiente. En este proceso se deben buscar mecanismos para el desarrollo de patentes que beneficien a las Universidades y a las propias comunidades indígenas y campesinas.

– Como este proceso educativo y esta interrelación con las comunidades ya se han iniciado en algunas pocas Universidades latinoamericanas, se requiere el apoyo financiero generoso de la comunidad internacional para dichos proyectos y para iniciar otros, antes de que múltiples saberes y territorios de una inmensa riqueza en biodiversidad, desaparezcan definitiva e irreparablemente.

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